martes, 18 de marzo de 2014

Hallan rastros del Big Bang


 Hallan rastros del Big Bang

Hace alrededor de 13.800 millones de años el Universo que habitamos surgió tras un violento estallido que dejó un plasma denso y extremadamente caliente que comenzaba a expandirse y a enfriarse en un proceso que ha durado hasta la actualidad. En la primerísima fracción de tiempo tras el Big Bang el Cosmos creció de forma exponencial -cuya curva de velocidad de expansión crece a medida que pasa el tiempo dando lugar a una curva con una pendiente cada vez mayor-. O, al menos, eso decía la llamada Teoría de la Inflación Cósmica enunciada a finales de los años 70 por el físico Alan Guth, del Massachusetts Institute of Technology. Según sus propios colegas, hasta el propio Guth ya empezaba a dudar de que fuese posible algún día demostrar su propuesta. Pero ha tenido «suerte», como declaró él mismo a The New York Times.
Lo que ha conseguido este equipo de astrónomos es alcanzar con su potente telescopio situado en el Polo Sur el primer instante infinitesimal del tiempo cósmico, el primer indicio, la pistola humeante que prueba la aparición del Universo en forma de violenta explosión cuando el Cosmos recién nacido apenas tenía la trillonésima parte de una trillonésima parte de un segundo de antigüedad y crecía de una forma enloquecida multiplicando su tamaño a cada mínima fracción de tiempo que pasaba.
En una esperada conferencia de prensa que presagiaba uno de los hallazgos más importantes de la ciencia moderna, los investigadores del telescopio BICEP2, una compleja instalación construida para responder algunas de las mayores incógnitas de la Astrofísica actual, confirmaron ayer el hallazgo de la primera evidencia directa de la expansión acelerada del Universo que sucedió tras la gran explosión que dio lugar al Cosmos.
«Detectar estas señales es uno de los logros más importantes de la Cosmología actual», aseguró John Kovac, investigador del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian y líder del numeroso grupo de investigadores que trabaja en BICEP2. Este observatorio polar está dedicado a la detección de la radiación cósmica, una reliquia del Big Bang descubierta en los años 60 por casualidad por Penzias y Wilson mientras trabajaban en una nueva antena para los Laboratorios Bell.


Esta radiación cósmica de fondo es muy débil, pero impregna todo el Universo. El problema es que no es uniforme, sino que, al igual que la luz, está polarizada por las interacciones con electrones y átomos en el espacio. Los modelos informáticos ya predecían un patrón ondulado para esta radiación, lo que encajaba a la perfección con la que podría haber durante el periodo de expansión acelerada del Universo tras el Big Bang. El equipo de Kovak no sólo ha encontrado este patrón de ondas, sino que también ha demostrado que es mucho más fuerte de lo que se pensaba hasta ahora.
Las señales halladas por el observatorio polar son en concreto las primeras imágenes jamás tomadas de ondas gravitacionales, una de las predicciones clave -aunque escurridiza- realizadas por Albert Einstein en su Teoría General de la Relatividad. Los propios expertos han bautizado estas ondas como «los primeros temblores del Big Bang».
El concepto espacio-tiempo, el modelo matemático que combina ambas variables como dos conceptos inseparables, ha llegado hasta el uso cotidiano en los colegios e institutos de todo el mundo de la mano precisamente de la Teoría de la Relatividad. Pero en ese concepto aparentemente tan sencillo se desarrollan todos los eventos físicos del Universo, y precisa de los enunciados de Einstein, pero también de otras teorías físicas.
Según un comunicado emitido por el Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian, los datos aportados por el equipo dirigido por John Kovak en un paper publicado ayer en la web del proyecto -pero que aún debe ser enviado a una revista científica que lo someta a la revisión de los expertos- confirman una conexión profunda entre la mecánica cuántica y la relatividad general. Se trata para muchos astrofísicos del Santo Grial de su campo de estudio. Es la imagen de las ondas de la fábrica del espacio-tiempo, de los ecos de la expansión masiva del Universo instantes después de su formación.
Según los astrofísicos y físicos teóricos, el hallazgo aún se tiene que corroborar con otras investigaciones complementarias. Pero, de confirmarse, sería un hito en la Historia de la Ciencia comparable al descubrimiento de la materia oscura o al del propio Big Bang. La demostración de la propuesta de Guth sobre la expansión acelerada del Universo -ampliada después por otros científicos- permite pensar en un Cosmos mucho más complejo y de un tamaño infinitamente mayor en el que caben multitud de otros universos. En él los miles de millones de galaxias que forman el espacio conocido son tan sólo una ridícula parte del Cosmos real.

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